jueves, 3 de julio de 2014

Carrusel

Espero el metro a la madrugada, están a punto de cerrarlo. La ciudad parece desaparecer aquí y eso por unos momentos me hace sentir bien. De un lado para otro todos corren, con prisas, sin pararse a mirar su vida. Y este silencio ensordecedor hace girarlo todo como si de un carrusel se tratase. Ahora estoy yo montada en ese carrusel, doy vueltas sin parar, gira rápido pero me parece ver tu cara entre las miradas desconocidas. Fuerzo mis ojos y entrecorto mi respiración, mi corazón deja de latir, pero no, tú no estás ahí. Vuelvo a la vida y sigo girando. El metro viene, las puertas se abren como si tuviesen todo el tiempo del mundo. Tenemos todo el tiempo del mundo. Entro dentro y observo que está todo vacío, no queda nadie. Tan solo yo. Miro las paradas que quedan y tengo dos opciones, ir a tu casa o a la mía. Una vez que decida ir a la mía ya no habrá vuelta atrás. Es tentadora pero también desconcertante la simple idea de encontrarme en tu puerta y no hacer nada. Gritar desde abajo que te odio por todo lo que haces, gritarte que no me vuelvas a mirar de esa forma nunca más. Me siento valiente y cobarde a la vez. Por desgracia he estado bebiendo hace menos de 20 minutos y no soy demasiado consciente con lo que hago. Las puertas se abren, lo que me hace despertar de mis pensamientos, me levanto y salgo sin ninguna razón. Mierda, tu casa. No, no soy consciente de lo que hago. No importa, me vendrá bien dar un paseo de 20 minutos hasta la mía.

Mientras sigo mi camino me pregunto si alguien realizará alguna vez esas típicas locuras de película.

No hay comentarios :

Publicar un comentario