¿Cómo estás? Hace tiempo que no nos vemos. Ayer fui a
visitarte y te dejé la flor más bonita que había visto en el mercado aquella
mañana. Aún me cuesta no llorar, pero poco a poco lo voy consiguiendo. Sé que tú
llegaste para irte, y yo llegué para quedarme, y echarte de menos. Aunque tú preferías
decir que siempre habías querido ser un pájaro y volar, libre.
Dime, ¿Lo has conseguido?
Te imagino volando. Como de improviso pasas por mi lado, hombre invisible que encandila el aire. A veces me parece sentir tu olor. ¿Eres tú, verdad?
Dime, ¿Lo has conseguido?
Te imagino volando. Como de improviso pasas por mi lado, hombre invisible que encandila el aire. A veces me parece sentir tu olor. ¿Eres tú, verdad?
Espero que no estés enfadado conmigo. He pasado por momentos
en los que yo misma lo he sentido. Ese dolor… ¿Sabes? Me acostumbré a ti. A que dejaras la
habitación sin hacer, a tu pelo revuelto y sin peinar, a tu taza de té con
vainilla, a esos libros viejos encima de la mesita de noche. Me hice adicta a
tus peculiares buenos días con pasta de dientes en mi mejilla. No supe que
hacer el día que todo eso desapareció. Retuve como tanto tiempo pude todas
aquellas cosas. Hasta que me di cuenta que me hacía más daño retenerlas que
dejarlas ir con el paso del tiempo. No quise vestirme de negro el día de tu
despedida, odiabas ese color. Así que me disfracé de amapolas y abracé esa
piedra helada para decirte adiós.
A veces te echo de menos.
Me abracé a la necesidad. Caminé por los mercados nocturnos
buscando a alguien que se pareciese a ti. Horas pasaban. Y me asqueaba acabar
haciendo el amor con alguien que no eras tú. Luché contra mis deseos y contra
mi soledad. Pasaba las páginas de los libros rápidamente mentalizando que esa
era mi vida, y que tal vez de esa forma todo pasaría más rápido. No funcionó.
Tenías razón. Después de cada tormenta sale el sol. Y yo
pude ver un pequeño rayo solar.
El día que decidí hacer un viaje me despedí de ti por última
vez tras 4 meses y 2 días. Me deseaste suerte a lo lejos diciéndome adiós con
la mano. Y yo te sonreí. Yo en la tierra y tú en el cielo. No parecía ahora
tanta distancia. Cogí una mochila y mi bicicleta. Llegué a un desierto marítimo,
más bonito de lo que imaginé. Conocí gente nueva, gente sabia como ninguna, así
día tras día me sentí más llena y poderosa. Creí encontrar un nuevo amor, pero decidí no
convertir en necesidad a otra persona que no fuera yo.
Y después de 2 meses y 5 semanas aquí estoy, ya no lloro. Te
sonrío y te doy las gracias por todo. Gracias por haber compartido conmigo
parte de tu felicidad, me siento afortunada. Espero que sigas volando libre
como deseabas. Tal vez algún día dentro de mucho tiempo podamos volar juntos de
nuevo, y así me enseñes todo ese paraíso del que me hablabas.
No hay comentarios :
Publicar un comentario