lunes, 28 de abril de 2014

Bienvenido al club de los orgullosos

Primero de todo te quiero dar la bienvenida a este grupo tan grande de personas. ''Somos orgullosos, pero no estamos orgullosos de serlo''. Ese es nuestro lema. Es lo que decimos para hacernos sentir mejor. Todos los que estamos aquí, o la mayoría de nosotros, hemos perdido a alguien por esto mismo. Orgullo. Maldito sentimiento, no somos conscientes de lo que decimos hasta que lo pensamos cuando ya hemos hablado. ¿Y qué viene después? ¿Pedir disculpas? Ese típico… ‘’Eso no fue lo que quise decir’’. ¿A quien queremos engañar?. Sí lo quisimos decir, pero lo hicimos de la manera incorrecta y en el momento más inapropiado de todos.
¿Por qué estas tu aquí? ¿Engaño amoroso tal vez?
El orgullo juega su papel en muchos factores de nuestra vida. ¿Sabes cuando sabemos que tenemos que decir la primera palabra y no lo hacemos por…básicamente por el mismo tema? Eso me pasó a mí. Ahora que quiero hablarlo pienso... ''Es demasiado tarde para aparecer por su vida de nuevo'', ''Yo he pasado página'', ''Él/Ella habrá pasado página'', ''Se habrá olvidado de mi'' … Y con esta regla de tres nunca hacemos nada, más que quedarnos con el sentimiento de que debemos hacerlo pero no es el momento. Ahora sí que no es el momento.

...

Lo siento, deja que siga. Aquí siempre nos ayudamos y nos apoyamos los unos a los otros. La famosa frase ‘’No fue culpa tuya en el fondo’’ la escucharás mucho aquí. Nunca juzgues si no quieres que te juzguen, recuerda que todos somos orgullosos en algún momento de nuestra vida. Venimos aquí para que no parezca todo tan grave, y tú también podrás superarlo. Te podría estar dando la charla durante horas sobre que aquello no fue lo correcto, pero que tampoco debes hacerte sentir culpable todo el tiempo…Y disculpa si lo hago, pero en realidad es la verdad. Lo que fue así pasó, y quedó ahí. Todo sigue, y siempre tendrás esa pequeña vocecita que te recuerde lo que fué. Pero somos personas y ¿Sabes? No sé por qué razón, pero somos unos cracks cometiendo errores, pero eso no significa que por esos errores seamos menos humanos,  ellos mismos nos convierten en personas reales. Tal vez no seamos perfectos, pero debemos aceptarnos con estas cosas de la vida. No por ello te conviertes en un mal ser, ni mucho menos. La parte buena de todo esto es que todas las personas que estamos dentro de este club hemos aprendido algo más, bueno o malo, que nos ha servido para darnos cuenta de cosas, de lo que queremos y no queremos en nuestra vida. Algo se aprende de todo.

 Y yo he aprendido esto.


domingo, 20 de abril de 2014

Apuesto por mi misma


No les deseo a ellos. Tampoco te deseo a ti en estos momentos.

No te conozco, pero al mismo tiempo es como si al mirarte lo hiciese.

He llegado a pensar que nuestras almas se encontraron tal vez en otros tiempos, en otra época.

¿Destinadas a reencontrarse? Tal vez no. Pero dime porque siento que quiero toparme contigo.

Te vi hace un tiempo y fue como si todo mi alrededor se parase en seco, ahí estabas, sin saber de mi existencia.

Jamás había deseado tanto conocer a alguien, desconocido y conocido a la vez, como a ti.

Tus ojos son como un pozo de agua que llega hasta tu mente. Puedo entender cómo te sientes, sé lo que necesitas, realmente odio saber todo esto y no poder hacer nada.

Me he enterado que la vida nos ha podido juntar en muchas ocasiones, y que el destino al mismo tiempo así no lo ha querido. No sé lo que pretende, pero he intentado discutirlo varias veces con él. No tengo ojos para nadie más, pero tampoco para ti. No espero nada y no quiero que nada llegue. Quizás va siendo hora de aceptar que aún no es el momento.

A veces me siento realmente confundida. ¿Es posible enamorarse de un desconocido? Yo respondería que no. ¿Sería posible que me enamorase de ti después de tanto tiempo sin sentir algo así? Probablemente así seria. Tal vez algún día pueda saberlo o no. Después de tantos intentos y tanta cabezonería, muy típica de mí, ese trabajo se lo dejaré al destino. Así tal vez por fin me haga este favor por una vez.

Hoy por fin he dejado de buscar y de esperar algo, ahora somos yo y mi corazón, yo cuidaré de mí. Tiraré una moneda al pozo y desearé que pase lo que pase, el río siga su camino.

Escrito por: Alguien que ha dejado de esperar y ha decidido vivir.

lunes, 7 de abril de 2014

La simple necesidad de necesitarte


¿Cómo estás? Hace tiempo que no nos vemos. Ayer fui a visitarte y te dejé la flor más bonita que había visto en el mercado aquella mañana. Aún me cuesta no llorar, pero poco a poco lo voy consiguiendo. Sé que tú llegaste para irte, y yo llegué para quedarme, y echarte de menos. Aunque tú preferías decir que siempre habías querido ser un pájaro y volar, libre. 
Dime, ¿Lo has conseguido? 
Te imagino volando. Como de improviso pasas por mi lado, hombre invisible que encandila el aire. A veces me parece sentir tu olor. ¿Eres tú, verdad?

Espero que no estés enfadado conmigo. He pasado por momentos en los que yo misma lo he sentido. Ese dolor… ¿Sabes?  Me acostumbré a ti. A que dejaras la habitación sin hacer, a tu pelo revuelto y sin peinar, a tu taza de té con vainilla, a esos libros viejos encima de la mesita de noche. Me hice adicta a tus peculiares buenos días con pasta de dientes en mi mejilla. No supe que hacer el día que todo eso desapareció. Retuve como tanto tiempo pude todas aquellas cosas. Hasta que me di cuenta que me hacía más daño retenerlas que dejarlas ir con el paso del tiempo. No quise vestirme de negro el día de tu despedida, odiabas ese color. Así que me disfracé de amapolas y abracé esa piedra helada para decirte adiós.

A veces te echo de menos.

Me abracé a la necesidad. Caminé por los mercados nocturnos buscando a alguien que se pareciese a ti. Horas pasaban. Y me asqueaba acabar haciendo el amor con alguien que no eras tú. Luché contra mis deseos y contra mi soledad. Pasaba las páginas de los libros rápidamente mentalizando que esa era mi vida, y que tal vez de esa forma todo pasaría más rápido. No funcionó.

Tenías razón. Después de cada tormenta sale el sol. Y yo pude ver un pequeño rayo solar.

El día que decidí hacer un viaje me despedí de ti por última vez tras 4 meses y 2 días. Me deseaste suerte a lo lejos diciéndome adiós con la mano. Y yo te sonreí. Yo en la tierra y tú en el cielo. No parecía ahora tanta distancia. Cogí una mochila y mi bicicleta. Llegué a un desierto marítimo, más bonito de lo que imaginé. Conocí gente nueva, gente sabia como ninguna, así día tras día me sentí más llena y poderosa. Creí  encontrar un nuevo amor, pero decidí no convertir en necesidad a otra persona que no fuera yo.

Y después de 2 meses y 5 semanas aquí estoy, ya no lloro. Te sonrío y te doy las gracias por todo. Gracias por haber compartido conmigo parte de tu felicidad, me siento afortunada. Espero que sigas volando libre como deseabas. Tal vez algún día dentro de mucho tiempo podamos volar juntos de nuevo, y así me enseñes todo ese paraíso del que me hablabas.