jueves, 4 de junio de 2015

Acuario

Realmente me gusta venir al Acuario. Me pego al cristal tanto como puedo e imagino estar dentro del agua, ser una más. Es extraño, pero creo que me sentiría más libre en el agua que en el cielo. No me gustan las alturas. Aunque ¿Quién no ha soñado alguna vez con alzar los pies del suelo y volar? Yo confieso que lo he hecho. Pero he soñado más veces en ser un pez, incluso una sirena, o cualquier animal acuático que pueda cruzar de una punta a otra del mundo tan solo por el agua.

Normalmente siento pena por los animales que están encerrados en zoológicos y zonas de cautividad, me pone triste. Y en realidad éste Acuario es lo mismo. Por eso el venir aquí hace que empiece un debate interno conmigo misma, porque me gustaría ser uno de ellos pero en libertad. Cuando les miro me pregunto si se sienten encerrados aquí, o el simple hecho de poder nadar es lo único que les importa. Me gustaría saberlo, tal vez así mi debate interno encontrase algo de luz.

Porque ¿Quienes somos nosotros para decidir hasta qué punto queremos que sean libres? Yo no quiero tener que decidir algo así y del mismo modo me gustaría que nadie tuviese que hacerlo. 
La libertad no debería ser algo que se dictamina.


El movimiento de algo naranja me saca de mis pensamientos. Giro la vista y tengo a mi lado flotando un pequeño pececito que se ha detenido para mirarme. Abre y cierra su boca, le imito por unos segundos hasta que escucho la risa de alguien no muy lejos de mí. Un señor, aparentemente pasando los 40 de edad, barre algunos papelitos que algunas personas descuidadas han tirado al suelo. 
Le devuelvo una sonrisa a modo de respuesta a su reacción. Si yo hubiese visto algo parecido probablemente me habría reído también. Se aleja aún con una sonrisa en la cara y yo vuelvo al pez. Sigo mirándole detenidamente hasta que decide seguir su camino. Caigo en la cuenta de que mientras pensaba en la libertad de éstos animales tenía mi vista fijada en el color azulado del agua. Ahora que estoy por los peces que pasan por mi lado veo lo bonitos que son. Esto es agradable, como si directamente me estuviesen inyectando paz en las venas. 


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