viernes, 25 de julio de 2014

Gran desconocida de invierno


29/10/2010
Vestía chaqueta negra con botones dorados marineros, pantalones tejanos rotos, aún con frío, y unas botas negras perfectas para la ocasión. Rizos carbón, labios más rojos que la manzana envenenada de Blancanieves, aunque con mirada triste. Aún así enamora.

Cafetería con fotos de los 80, marcos de oro, sillas de madera y un gran ventanal. Tu mesa es la de la izquierda junto a la calle, resguardada del invierno pero admirando su presencia. Café sólo a las 9 de la mañana, ordenador y libros de segunda mano que huelen a tapiz viejo.

07/11/2010
Todo en ti es clásico y resulta encantador. Jamás he visto tu sonrisa, pero me gusta imaginármela desde hace tiempo. Pareces ser escritora, periodista o incluso, por qué no, profesora. Y yo parezco ser el típico hombre de camisa de cuadros y enamoradizo de siempre, la adolescencia parece no desaparecer en estos casos. 


18/11/2010
Últimamente suspiras demasiado y no se la razón. Algo te debe atormentar, como a mí la simple idea de que acabes con esta rutina diaria de invierno y desaparezcas de mis pensamientos. No te lo dije, yo sí soy escritor. Escribo relatos infantiles, pero pronto me iniciaré en alguna misteriosa historia, tal vez de terror, de misterio…

Aún lo sigo pensando.

30/11/2010

Últimamente no sé qué me pasa. He soñado contigo esta noche. Caías al mar, más oscuro de lo habitual, y en el que al parecer yo me encontraba sumergido. Como una pieza lenta de Lana del Rey te movías, bailabas, me decías algo que no lograba entender y me mirabas. Desperté entre suspiros y nervios, te quería ver.

Y aquí estoy otra mañana. Leo el periódico de hoy, me acomodo las gafas para leer mejor y deshacerme de mi vista cansada. 5 minutos, 8 minutos, 17 minutos…

Le doy un pequeño sorbo al café, demasiado caliente, y dirijo mi vista a la nieve de fuera y a las calles con sal. Te veo, luces como un halcón, tan despampanante que creo ser una presa, con esas gafas de marca Oliver Peoples que me desencajan.

Entras y tus botas con tacón es el sonido más notable de la cafetería, muestras tus ojos y una sonrisa a la camarera que mejor conoces, me miras, te miro, me pierdo, sonríes.

¿Recuerdas aquel libro del que te hablé? Tengo un título.

  Gran desconocida de invierno  


jueves, 3 de julio de 2014

Carrusel

Espero el metro a la madrugada, están a punto de cerrarlo. La ciudad parece desaparecer aquí y eso por unos momentos me hace sentir bien. De un lado para otro todos corren, con prisas, sin pararse a mirar su vida. Y este silencio ensordecedor hace girarlo todo como si de un carrusel se tratase. Ahora estoy yo montada en ese carrusel, doy vueltas sin parar, gira rápido pero me parece ver tu cara entre las miradas desconocidas. Fuerzo mis ojos y entrecorto mi respiración, mi corazón deja de latir, pero no, tú no estás ahí. Vuelvo a la vida y sigo girando. El metro viene, las puertas se abren como si tuviesen todo el tiempo del mundo. Tenemos todo el tiempo del mundo. Entro dentro y observo que está todo vacío, no queda nadie. Tan solo yo. Miro las paradas que quedan y tengo dos opciones, ir a tu casa o a la mía. Una vez que decida ir a la mía ya no habrá vuelta atrás. Es tentadora pero también desconcertante la simple idea de encontrarme en tu puerta y no hacer nada. Gritar desde abajo que te odio por todo lo que haces, gritarte que no me vuelvas a mirar de esa forma nunca más. Me siento valiente y cobarde a la vez. Por desgracia he estado bebiendo hace menos de 20 minutos y no soy demasiado consciente con lo que hago. Las puertas se abren, lo que me hace despertar de mis pensamientos, me levanto y salgo sin ninguna razón. Mierda, tu casa. No, no soy consciente de lo que hago. No importa, me vendrá bien dar un paseo de 20 minutos hasta la mía.

Mientras sigo mi camino me pregunto si alguien realizará alguna vez esas típicas locuras de película.