29/10/2010
Vestía chaqueta negra con botones dorados marineros,
pantalones tejanos rotos, aún con frío, y unas botas negras perfectas para la
ocasión. Rizos carbón, labios más rojos que la manzana envenenada de
Blancanieves, aunque con mirada triste. Aún así enamora.
Cafetería con fotos de los 80, marcos de oro, sillas de
madera y un gran ventanal. Tu mesa es la de la izquierda junto a la calle,
resguardada del invierno pero admirando su presencia. Café sólo a las 9 de la
mañana, ordenador y libros de segunda mano que huelen a tapiz viejo.
07/11/2010
Todo en ti es clásico y resulta encantador. Jamás he visto
tu sonrisa, pero me gusta imaginármela desde hace tiempo. Pareces ser
escritora, periodista o incluso, por qué no, profesora. Y yo parezco ser el
típico hombre de camisa de cuadros y enamoradizo de siempre, la adolescencia
parece no desaparecer en estos casos.
18/11/2010
Últimamente suspiras demasiado y no se la razón. Algo te
debe atormentar, como a mí la simple idea de que acabes con esta rutina diaria
de invierno y desaparezcas de mis pensamientos. No te lo dije, yo sí soy
escritor. Escribo relatos infantiles, pero pronto me iniciaré en alguna
misteriosa historia, tal vez de terror, de misterio…
Aún lo sigo pensando.
30/11/2010
Últimamente no sé qué me pasa. He soñado contigo esta noche.
Caías al mar, más oscuro de lo habitual, y en el que al parecer yo me
encontraba sumergido. Como una pieza lenta de Lana del Rey te movías, bailabas,
me decías algo que no lograba entender y me mirabas. Desperté entre suspiros y
nervios, te quería ver.
Y aquí estoy otra mañana. Leo el periódico de hoy, me
acomodo las gafas para leer mejor y deshacerme de mi vista cansada. 5
minutos, 8 minutos, 17 minutos…
Le doy un pequeño sorbo al café, demasiado caliente, y
dirijo mi vista a la nieve de fuera y a las calles con sal. Te veo, luces como
un halcón, tan despampanante que creo ser una presa, con esas gafas de marca
Oliver Peoples que me desencajan.
Entras y tus botas con tacón es el sonido más notable de la
cafetería, muestras tus ojos y una sonrisa a la camarera que mejor conoces, me
miras, te miro, me pierdo, sonríes.
¿Recuerdas aquel libro del que te hablé? Tengo un título.
Gran desconocida de invierno