Por mis venas recorre la falta que me haces, llegas a mi
corazón y te manifiestas en forma de ansiedad. Maldita soledad. Le canto a las
estrellas como antes, pero ya no brillan por nosotros.
El océano está con aviso
de marea alta y siento que es como mi cabeza, llena de pensamientos que chocan
entre ellos, y yo voy a contracorriente buscando una forma de entenderme.
Porque el desamor ya no tiene lugar en mí.
Porque el amor es esa rosa que miras con admiración y
anticipación, tocas sus pétalos y te sientes vivo/a. Todo es belleza hasta que
llegas al tallo y te cortas con la punta de una espina. Sabías que estaba ahí pero todo daba igual.
La punta de la espina se ha clavado en mi dedo, duele y sé
que tengo que sacarla con cuidado. Siento que pasa por mi mano hasta llegar al
corazón. Así es como ocurrió todo. Esta
espina ha vaciado todo el veneno y ahora está saliendo por mis ojos en forma de
lágrimas.
Lloro hasta que deja de tener sentido llorar, y sigo
llorando hasta sentirme realmente estúpido/a. Jamás llegué a pensar que dolerías tanto.
Supongo que olvidé como se sentía estar enamorado/a.
Tratas de taparte los ojos y dejarte guiar por esa persona.
Mi parte racional no se dejaría llevar por algo así, pero esa parte se quedó
dormida desde el momento en que le/la conocí convirtiéndome en esclavo/a de mis
propios temores, transformándolos en lo más normal del mundo.
Pero quiero empezar de nuevo. Quiero seguir.
Ahora bailo al son de la lluvia, que no para de caer desde
hace algunas horas. El olor a césped mojado me hace sentir libre y es la mejor
sensación que puedo percibir desde hace algunas semanas.
Había olvidado como era esto.
Y por primera vez en todo este tiempo finalmente veo hacia donde debo ir.